El Tesoro obtuvo un excedente cercano a los $4 billones en la licitación del 29 de julio, pero los fondos no aparecieron inicialmente reflejados en su cuenta del Banco Central. Consultado por Bloomberg, Santiago Bausili admitió que no tenía una respuesta sobre su destino. Los movimientos de pesos y dólares entre Economía y el BCRA alimentan los cuestionamientos sobre la trazabilidad de las operaciones oficiales.
La administración de los fondos del Tesoro Nacional y el Banco Central (BCRA) quedó bajo la lupa después de que una licitación de deuda generara un excedente cercano a los $4 billones y ese dinero no apareciera inicialmente reflejado en los depósitos que el Tesoro mantiene en la autoridad monetaria.
La controversia adquirió mayor dimensión después de una conferencia de prensa en la que el presidente del BCRA, Santiago Bausili, fue consultado directamente por un periodista de Bloomberg sobre el destino de esos fondos.
La pregunta apuntó a una cuestión concreta: si el Tesoro había captado alrededor de $4 billones adicionales y esos pesos no figuraban en sus depósitos en el Banco Central, ¿dónde estaban?
Bausili respondió que no tenía demasiada información porque se trataba de una pregunta que debía responder el Tesoro.
Y agregó una frase que, lejos de cerrar la discusión, terminó amplificándola:
“No creo que hayan desaparecido. Puede ser que no los haya traído acá. Estoy seguro de que si buscamos bien, en algún lado están. Son bastantes como para no encontrarlos”.
Una licitación por $12,21 billones y un rollover del 144,5%
El origen del interrogante se encuentra en la licitación del 29 de julio.
La Secretaría de Finanzas recibió ofertas por $13,98 billones y adjudicó $12,21 billones en efectivo, frente a vencimientos cercanos a los $8 billones.
De esta manera, la operación alcanzó un rollover del 144,5% y produjo un diferencial positivo cercano a los $4 billones, equivalente a unos USD 2.600 millones al tipo de cambio financiero mencionado en los informes.
La magnitud del excedente convirtió la operación en uno de los movimientos financieros relevantes del período y abrió una discusión sobre cómo se contabilizan y dónde permanecen esos recursos dentro del sistema financiero público.
El problema no es necesariamente que esos fondos hayan desaparecido, sino determinar dónde estuvieron depositados, cuándo fueron transferidos y qué utilización tuvieron.
Los $4 billones no aparecieron inmediatamente en el BCRA
La consultora 1816 detectó movimientos que alimentaron las dudas.
Según el análisis citado, los depósitos del Tesoro habrían pasado de alrededor de $3 billones a apenas $260.000 millones el viernes posterior a la licitación, pese a que el financiamiento neto obtenido había sido considerablemente superior.
Una de las hipótesis es que parte de esos pesos permaneció depositada en bancos comerciales mientras el Banco Central administraba la liquidez mediante operaciones de Repo.
Posteriormente, comenzaron a aparecer nuevos fondos en la cuenta del Tesoro.
El economista Gabriel Caamaño señaló que el martes se registró aproximadamente $1 billón correspondiente a una parte del excedente de rollover que no había ingresado inmediatamente después de la licitación.
Es decir, los pesos comenzaron a aparecer en diferentes momentos, aunque persistieron interrogantes sobre dónde permanecieron durante ese intervalo.
Bausili se desligó y apuntó al Tesoro

Frente a la consulta de Bloomberg, Bausili sostuvo que la explicación correspondía al Tesoro.
La respuesta resulta relevante porque las decisiones de ambas instituciones están estrechamente vinculadas.
La Tesorería puede mantener recursos en distintas cuentas y entidades financieras. Sin embargo, los movimientos de esos fondos tienen consecuencias directas sobre la liquidez del sistema, las tasas de interés, el mercado cambiario y, en definitiva, sobre la política monetaria que administra el Banco Central.
Los $4 billones podrían haber sido utilizados para cancelar vencimientos, permanecer temporalmente depositados en otra entidad, intervenir en otras operaciones financieras o reforzar la disponibilidad de caja.
Pero cada alternativa debería dejar un registro contable y producir efectos diferentes sobre la economía.
Por eso, conocer el recorrido del dinero resulta fundamental para determinar si la licitación efectivamente retiró pesos de circulación, simplemente refinanció obligaciones existentes o terminó vinculada con otras operaciones financieras.
Las dudas también alcanzan a los dólares del Tesoro
Los interrogantes no se limitan a los pesos.
Los depósitos en moneda extranjera que el Tesoro mantiene en el Banco Central también registraron movimientos significativos durante jornadas particularmente sensibles para el mercado cambiario.
Según los datos consignados, el Tesoro tenía USD 3.157 millones depositados un jueves. Al día siguiente, después del ingreso relacionado con la colocación del Bonar 2029 (AO29), el saldo aumentó hasta USD 3.605 millones.
El lunes siguiente se produjo otro salto: las tenencias llegaron a USD 4.387 millones.
El incremento cercano a USD 800 millones respecto del registro anterior no tuvo, según los textos analizados, una explicación pública detallada.
Fuentes del Ministerio de Economía atribuyeron parte de esas variaciones a cuestiones técnicas relacionadas con los Bopreales y otra parte al ingreso de dólares provenientes del AO29, aunque no se discriminó cuánto correspondía a cada movimiento.
¿El Tesoro compró dólares?
La consultora Outlier planteó que el incremento de aproximadamente USD 780 millones podría corresponder a una compra de divisas realizada por el Tesoro.
También mencionó como posibilidad un desembolso de organismos internacionales.
A ese movimiento se agregó otro dato: el 1° de agosto vencieron intereses con el FMI por alrededor de USD 850 millones.
La sucesión de ingresos, egresos y modificaciones en los depósitos hizo más difícil reconstruir con precisión cada operación únicamente a partir de los balances públicos disponibles.
Las sospechas sobre una intervención en el dólar
Otro episodio ocurrió entre el 28 y el 29 de julio.
Los depósitos en moneda extranjera del Tesoro en el Banco Central bajaron de USD 3.330 millones a USD 3.185 millones, una reducción de aproximadamente USD 145 millones.
El movimiento coincidió con una jornada en la que el dólar mayorista se aproximó a los $1.500.
En el mercado comenzó entonces a circular la hipótesis de que el Tesoro podría haber utilizado parte de sus dólares para contener la cotización sin que la operación apareciera como una venta directa de reservas del Banco Central.
Los textos utilizados para este artículo no aportan una confirmación oficial de esa hipótesis, por lo que debe ser considerada una interpretación de operadores y analistas y no un hecho comprobado.
Tesoro y BCRA: una coordinación cada vez más difícil de seguir
El episodio pone nuevamente en discusión la relación financiera entre el Ministerio de Economía y el Banco Central.
El Tesoro administra la caja del Estado y puede mantener fondos fuera del BCRA. Pero esas decisiones tienen efectos monetarios.
Si los pesos permanecen en bancos comerciales, se utilizan para cancelar obligaciones o posteriormente regresan al Banco Central; cada alternativa modifica de manera diferente la liquidez disponible.
Algo similar ocurre con los dólares.
Las compras, ventas, pagos a organismos internacionales y movimientos entre cuentas pueden modificar las reservas y las expectativas del mercado.
Por eso, una política financiera que distribuya operaciones entre distintas cuentas, entidades y mecanismos puede hacer más difícil interpretar la situación únicamente observando el balance diario del Central.
La transparencia se convierte en una variable económica
La discusión no es solamente contable. ¿Por qué no pueden reconstruir qué ocurre con montos de semejante magnitud?
Eso puede influir sobre las expectativas de devaluación, las tasas de interés, la demanda de cobertura y la capacidad del Gobierno para refinanciar deuda en pesos.
El Ministerio de Economía sostiene que los excedentes obtenidos en las licitaciones forman parte del flujo general de caja y pueden utilizarse para cubrir obligaciones, financiar partidas presupuestarias o construir colchones de liquidez para futuros vencimientos.
El problema señalado por analistas y críticos es la falta de información suficientemente detallada y oportuna para reconstruir esos movimientos.
En las cuentas públicas, “en algún lado” no debería ser una respuesta suficiente.

